Un Tablao con emoción, con Arte.

Nuestro Tablao, Essential Flamenco

El invento del “Tablao”

El término “Tablao”, proviene de la palabra tabla. A principios de 1900, el flamenco era una música que solo escuchaban oídos selectos en fiestas privadas. Las actuaciones se improvisaban: los señoritos adinerados (muchos aristócratas), hacían una bolsa común y contrataban artistas, de la talla de Antonio Chacón, Ramón Montoya, Manuel Torres; Bailaban La niña de los Peines, Pastora Imperio… por esas fiestas pasaron todos los grandes del flamenco. Las actuaciones se realizaban generalmente en los sótanos de ladrillo abovedados que muchas tabernas, como la nuestra, tenían abajo. La bóveda de ladrillos es extraordinaria para el música, no reverbera y amplifica de forma natural el sonido. Los asistentes (como los de la foto a la derecha, tomada en la mítica taberna “Los Gabrieles”) se sentaban en corro, y los artistas cantaban y bailaban en el centro.

Para el bailaor, para que resonara el zapateo, se ponía en el suelo una tabla. Allí nació el nombre “Tablao”,que luego se popularizó en locales públicos que se fueron abriendo por Madrid. En los años 60, con la llegada masiva de turistas a España, se le añadió la cena. Aparecieron los primeros packs “cena + show flamenco”, y así, por una razón puramente comercial, en el imaginario extranjero se ha instalado la idea que el flamenco hay que verlo cenando. Un disparate, que además de interrumpir la emoción de los artistas con el jaleo propio de un restaurante, menoscaba la grandeza de este arte. El flamenco jondo necesita silencio, atención y el respeto de los asistentes, para que aparezca la emoción profunda, eso que los gitanos llaman “duende”.

Cien años después, volvemos a empezar

En la foto a la izquierda, nuestro Tablao, Essential Flamenco. Como se puede ver en la imagen, nos guía un propósito: Queremos recuperan la intimidad, que era la esencia del flamenco auténtico. El público pegado literalmente al escenario, rodeado de tres filas de sillas. Sin mesas, sin comidas, sin distracciones. El flamenco es un arte que se sustenta por sí solo. No necesita aditamentos, ni paella, ni adornos folclóricos. No viene a cuento una decoración hecha con farolillos andaluces y mantones de Manila (para más inri, hechos en China). El flamenco toma elementos del folclore andaluz, pero lo estiliza, lo sublima, y lo convierte en arte. Lo expresa mejor Federico García Lorca: “El folclore andaluz es color local, el flamenco jondo, color universal”.

El flamenco jondo (jondo viene de hondo, profundo) combina, en un crisol nunca antes visto, cinco culturas musicales: el folclore andaluz local, la música que traían los gitanos (que emigrando desde la India llegaron al sur de España en el año 1400), la música árabe (los árabes estaban desde el año 700), y también rasgos musicales de los Judíos y los castellanos. Es una música que toca el alma universal. Para entenderlo, solo hace falta sentirlo; para sentirlo, la intimidad es fundamental.

Antes de llegar a los escenarios públicos, se tocaba en familia, en fiestas privadas, en sótanos a puerta cerrada, que le daban un aire de semi clandestinidad. El flamenco no está hecho para eventos multitudinarios (¿Que pinta un tocaor sentado en su silla, solo con su guitarra, en un escenario de 15 X 20 mt2). El flamenco allí languidece, echa en falta su esencia: la intimidad.

La complicidad entre los artistas, un secreto a la vista.

La buena relación entre los artistas de nuestro tablao es evidente, salta a la vista como se divierten, como disfrutan de la compañía de sus colegas en el escenario (foto a la derecha). Un comentario en Tripadvisor, de Snowflakes, USA (242 críticas), se titulaba: “Never Give a “5”, But This Gets It” – “Nunca doy un “5”, pero esto lo consigue”. La crítica, traducida, dice: “He estado devanándome los sesos, tratando de averiguar qué fue lo que me gustó tanto de esta actuación. He presenciado conciertos de artistas mundialmente famosos en Nueva York y en Londres, y el nivel de éste fue igual (si no mejor que) el de esos espectáculos.

Finalmente descubrí que fue: el compañerismo entre los artistas y la intimidad del espectáculo. Sinceramente me sentí como si estuviera mirando a un grupo de amigos que se juntan por la noche, para bailar, cantar y tocar instrumentos. Para mí, es básicamente de lo que se trata, a la hora de presenciar un espectáculo artístico: ver a personas que aman lo que hacen, junto a quienes se interesan por el tema.

Todo lo que pueda decir acerca de este show no es suficiente. Simplemente vete a verlo. Quedarás totalmente encantado.” El mérito de haber formado un grupo tan cohesionado, es del director artístico y bailaor, el Premio Nacional de Baile Flamenco, Juan “El Mistela”. El Mistela ha logrado reunir a su alrededor un elenco de artistas de primerísimo orden. La calidad les une. Tocar o bailar rodeado de músicos de un gran nivel, en un grupo estable que dura ya dos años, te hace sentir en familia; te diviertes actuando, y eso se nota.